Sin título
por María de los Ángeles Montero


Me perturba tener una roca en la puerta de la cascada, dicen, el agua no se agota pero me agobia la falta de H2O en las cuerdas de la garganta, algunas como el mar y las palabras de las otras y otros mordiscos hablan, así cerrados los labios pero de rejas viejas del patio de mi casa, ¿cómo se gargantean las coplas de una sola vez? … En las montañas blancas donde cuelgan los ganchos huesos de oreja viven los bruxidos congojos de un rostro sin luz.


El paisaje penoso se pregunta, ¿cómo es que la noche se pasea de lenteja?, acostumbrada a esos ojos que de espalda miraría, por atrás, en la cordillera donde los cables eléctricos de la ciudad tensos rojos y verdes crujen en nudos los dolores que en omoplatos se ocultan. Continuados están los botones y zonas de emergencia que se escuchan atolondrados, melocotones morados invisibles, cerquita toscos en rutas, viajes y viajeros entrando en estado de shock, el sueño, la risa, de la nevada llegada el pelo no pesa al lado de esta foto que te corre en imagen, al costado un estornudo de pescado, no es que esté enfermo el sol pero de repente el puente está en su misa, ni se agota en pereza por tanto aguante complaciente y todos tocan bocina.


Es efímero en la curda moderna de su locura, enamoradiza de ceños fruncidos un tomate amargado de quesos de azúcar, no es que esté en la heladera pero elásticos estiran de llenos y vacíos, así pasa el día. La silueta está próxima está inquieta, está tibia, cuidado del perro de la casa que tiene techo azul, me suma un recuerdo violeta más los huecos de pesos en jóvenes que crio en pereza, es momentánea pero contínua la fiesta apagada de la educación que me consume en un trozo de taza con café y valerina.


Pensé que se burlaría y es que me da dolor todo lo que está por fuera de esta burbuja, que filtra los recuerdos de estados críticos en las mochilas de los tibios electrodos espermatozoidales. Aunque me consuela la palma de esta hoja que te atrapa las claras pupilas de tu escultura, no puedo decir que es tentada la vagina glosa de mi sentir, sé que el cutis de tu camaleón sonriente comunica activo en las clases de pasillos que están en el edificio que me alude al Elefante blanco.


El frio gris, es más parecido a esa cárcel de tu locurioso cuento verdadero, me causa afecto que esta jornada me acerque, te acerque, el vino de esta noche, de estas noches.


La mujer tenía miedo de que expongas su payaso descontrolado en su día, es pequeña su apariencia pero le gustan los cuerpos de tintes añejos, no te lo dice, pero es en su lista tu guiño de águila californiana que captura alguna película hollywoodiense. En la fantasía mujeril está la frazada última de quererte, no sino antes de este relato que está próximo a alcanzarte. Me mudo de esta guía que me hace una prisión en el pecho, tanta apertura es peligrosa para la osadía de envolverte en el laberinto lluvioso de amorío.


Nuevamente llego con esos ruidos de pelotitas en las lomas de burro de mi espalda, no es continua la tarde noche, pero siempre que toco estos temas de rosas rotas en el crisol del centro entra en colapso todo mi sistema nervioso colosal. Los sonidos agudos se escuchan en las venas de nervaduras y caminos que pueden contenerme en el asfalto solitario, respirar es siempre en protección, no vaya a ser que pueda desestabilizar una agonía de mascara desnuda, la piel de las palomas heridas solo tienen consuelo en las plazas de niños con palomitas de maíz. La libertad tiene un costo y es que se confunde con el fin del compromiso, estoy a tiempo de que la tierra tenga terremotos sin perder el ritmo de la galaxia, temo olvidar la parada de la autopista que me lleva a tu encuentro. No es que sea lijera la señal de la unión de los cuerpos, pero me da escalofríos el rechazo de la mitad del corazón, en esencia las preguntas sin respuestas no tienen plazos fijos y son mal pagos.


La vecina venida de este misterio es lo oscuro de este tumulto de gente, ¿cuánto hay de juicios en los planetas?, tengo una bomba de tormentos cuando te veo varonil, cuando te veo en la famosa lata, en las marcas de locales que promocionan tus promesas de amor incondicional. Hago una pausa solo para aplaudirte, solo para decirlo, para creerme fuerte. Espero que mi enfermo cosmos pueda llegar al súper Saiyajin, las sombras finas esperan ser amparadas por un superhéroe, no es solamente en películas que los perfumes de flores entran en acción.


Por las mañanas los libros de palabras que guardo en los sueños salen frescas cuando se me viene a la memoria lo mucho que quiero abrazarte, puedo estar horas en una aventura alada que reivindique un trabajo universal. Todo se es homónimo en un punto, por eso cuando doy stop al control remoto es ilusión para respirar. No puedo dar un paso al costado si dudo de lo mucho que cultivo por un plan mayor al de mi imagen, los estudios superiores deberían darse en una vida no humana, mis compañeros también son esas estrellas que no se ven en las torres de ladrillos huecos que me contaste, me preocupa que te invadan esos libros de lomos viejos que te distraen de la paternidad cultural. Yo no lloro gatos pero si a mi perro que tiene nombre de boxeador, que en paz descanse. Parece que los sujetos que de pequeñas compañías sus obras y lágrimas de cocodrilo sensible muestran sin tapujos.


Es fácil, si le gusta la proeza yo continuo la ocasión … tenía explosivos que engangrenaban los pocos espacios de aire que me quedaban, estaba desesperada y es que no tenía tanto tiempo, la lava corre rápido de los poros y lo más impresionante es que es en zigzag como lo hábil de mi memoria. Me tocó la corona y pude sentir, eso era lo que me faltaba, dejarme la ostia quieta para descansar después de la violencia que queda de una subviolencia que queda en cenizas, es tan cruel cuando sucede en segundos pero parece constante en el cotidiano de la luna calle en la que siempre te queda algo que te hizo un click. Me suele gustar cuando vuelvo a escribir sobre un agujero violeta, porque el negro azulado está fuera de moda y los ciudadanos fluorescentes dan vida y luz al espacio gris. Es cierto que a la tierra no le entra aire cuando la tapan, como cuando tu pie de pliegues están hinchados de tapas y tapitas, como cuando el callo es tan grande que la señora de pulóver blanco se da cuenta que estuviste en el vértigo de un transporte que viaja por las venas amarillas del barro humus de tu capa.


Puede que sientas el rechazo punzante de mi coraza, como en los bosques cercanos al pantano los lobos quieren morderte, no es que exista un demonio pero las madres siempre ladran cuando cuidan a sus gurises y se sienten amenazadas de un sinónimo que les trae mala leche. Nos custodiamos cuando la campaña preventiva de los elementos ajenos están próximos y son desconocidos, no sin más está decir que lo más estupefacto de nuestro perfil sucede cuando nos agarra un electrocardiograma con líneas rectas continuas, es difícil salirse. De pequeña sufría sincopes que ahora que lo pienso un poco algo de la interna electricidad crónica tenía, tensaba los miedos de apoco, una vez fue cuando un gusano verde pinchudo me acaricio la pierna, menos mal que estaba mi padre que me sujeto el brazo. También tuve una suerte de mariposa, la caída es una muerte viva, puedo escucharte y saber con qué mano me rozaste el cachete y si es que estuviste con la mano fría, me acuerdo de todo. Lo más hermoso es el después, se siente el cuerpo físico y volves al rodaje. Me gustan esas películas donde puedo verme, siento que el capítulo consecutivo me ayuda a comprenderme, a llorar, se me concentran los hilos que me conectan el cerebro y el corazón, hay menos distancia entre la plaza y la danza de la emanación. Piénsame fuerte para encontrarte en las tv de 4D que ahora visito, el vals es nuestro y se transparentan en las ramitas secas que tienen nueva vida, no dejes que en la mano me falte el alcohol en gel para sacarme las impurezas lujosas de la contemporaneidad y por favor consigue el boleto de la avenida que tiene un cartel gigante que dice Lote sí. Es cierto, estoy pensando en la casa que me atrasa los antojos de ropa nueva que me prometí, a veces las cosas son un poco más lentas como el tiempo de los osos antes de que llegue el invierno, hace poco descubrí que tienen la piel muy gruesa y las abejas no pueden atravesarles las agujas que como débiles animales nuestra cascaras atraviesan. Por las tardes, cuando la lactosa ya empacho todo mi estado digestivo, suelo pelar esas naranjas que se le sienten que tienen las mascaras bien despegadas de su pulposa, son las que más adoro y mejor si tienen escasas semillas que de cansancio me da fiaca pelar, no es que la fruta no sea la del dulce de leche de la niña en la infancia, pero ahora que es todo más industrial le tengo miedo a mi propia naturaleza que en cofres de Monsanto suelen dar en cartelitos de mala espina.


A veces mi existencia es un solo ojo correcaminos, otras muy pesada, también me pasa que no siento el cuerpo pero la verdad de los sucesos es una metamorfosis constante, me ayuda bastante el SPA mensual, se me dio meditar que fuera la bipolaridad de la actualidad pero di con varios especialistas y mucho después con buenos consejos, vivo en un cuerpo humano y caminar en dualidad es difícil. Todo es en dos, mirar, respirar, y hasta comer porque entra por un agujero y sale por su opuesto anal, hay muchas vías de encuentro, si le saco una fotocopia a los árboles, al sol, a los pájaros, probablemente encuentre mi auténtica identidad. A veces invento oraciones menos estancas; los curas no entienden que solo están en una ilusión formativa; amo mucho al que nos parió a todos; esto es algo más serio, no andemos con pavadas: ¿cómo no voy a estar emocionada si puedo vivir? La sonrisa de agradecimiento es todas las razas juntas, esas que tiene hoyuelos.



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