Los justos
por Martín Romero Tamae


Es hora de comenzar, todo está listo, es el día en el cual la alta burguesía del arte sabrá que los artistas somos libres y ¡esa es la proclama! La libertad en todo su esplendor, sin maquillaje, sin intermediarios; un mundo libre de marchands, de críticos, art dealers, de basura que se hace rica por la opresión de los artistas.


Escultores, pintores, poetas, filósofos, dramaturgos, vengan a mí, seamos uno con el todo, vamos a darle una lección que jamás ha de olvidarse. Vamos a ser sensibles a nuestro modo, porque en esa sensibilidad se esconde la vida, la razón de la existencia, la pura verdad, el fin último. Y no en la contaminación, no en sus propósitos comerciales con fines de lucro, no en su mirada burguesa del arte y sus ¡premios mentirosos! , que no hacen más que hacernos competir, alma contra alma para que alguien, apuntado con el dedo gane un mísero premio.


Esta es mi proclama, la de establecer una lucha revolucionaria en contra del negocio irracional del arte en la Argentina. Mientras algunos artistas se mueren literalmente de hambre, en la pobreza, en la indigencia o aceptan malditos trabajos para sobrevivir; Otros buscan la manera, aunque no lo quieran, de integrar el apestoso circuito de galerías, con sus estúpidos art dealer. Todo artista tiene derecho desde el día que acepta y se compromete con la humanidad, de mostrar su alma, su corazón, sus recuerdos, sus decepciones, su muerte.


¡Por eso todo está listo! miro mi escritorio y veo sobre mis oleos y mis trabajos de acuarela, el material explosivo que utilizare esta noche, la noche en la cual el arte dará una nueva vuelta, un nuevo retorno, un comienzo verdadero y será el mensaje de todos aquellos artistas que murieron en la pobreza, en la miseria con sus almas abiertas de par en par, ya redimidos estarán; este es mi deseo que todos esos artistas que alguna vez fueron abandonados, dañados, o incluso rechazados, tengan su venganza su discurso final.


Esta es mi gran obra, ¡una obra genial! una INTERVENCION jamás copiada, jamás reproducida, ésta es mi intervención, voy a morir por ella, por mis colegas; por la idea.


Desde hace más de cuatro años que planifico esta intervención, conozco cada sector cada recoveco, cada comprador, cada marchand, cada galería; en la feria de arte más grande de Sudamérica, ARTE BA, y es ahí, donde voy a inmolarme, es ahí es donde todo cobrara sentido y valor, donde el gran premio PETROBRAS le pertenecerá a los artistas que ya no están, donde estos puedan redimirse y descansar en paz.


La bomba en mi cuerpo estallara a las 20:45 justo en el momento en el cual se entregué el primer premio Petrobras, en la inauguración de dicha feria. Para pasar los controles en la entrada ya conseguí un pase como notero de un canal de televisión, dentro de mi chaleco se encuentran 4,35 kg de explosivo plástico unidos a un pequeño timer el cual estallara puntualmente a la hora establecida.


La hora ha llegado, tomo coraje sin pensar, dispongo los explosivos en el chaleco luego coloco el timer en el horario indicado. Salgo a la calle para hacer justicia, enciendo el automóvil y me dirijo hacia la rural donde se realizara el evento, en el camino trato de no pensar; la transpiración me empapa el cuerpo, voy hacia el cadalso, pero consciente de lo que conseguiré. Ya nunca podre ser niño, con el primer crimen la infancia huye. Arrojo la bomba y en un segundo, ¿sabes?, trascurre toda una vida. De ahí en adelante ya podemos morir. Hemos dado ya la vuelta al hombre.


Me persigue una idea, si voy a temblar en el momento de inmolarme, de arrojar la bomba. No temblaré. ¡Vamos! Con los tiranos frente a mí ¿voy a vacilar? ¿Cómo puedes creerlo?, ¡malditos! esto nunca más volverá a ocurrir los artistas son y serán libres para siempre.


Al llegar a la puerta de ARTE BA, todo está tranquilo, mis manos son de agua y mi saco frio como la muerte. Coleccionistas, curadores, críticos, medios, políticos ya están ahí creo que me miran con sus ojos acusadores, como mirarían una obra de un artista emergente y volverían a sus negocios en un segundo, pensando…¡que poco talento!


Me dirijo a la puerta de entrada, dos hombres vestidos de negro me preguntan si tengo mi pase; les presento mi pase de prensa temblando, pero ellos no lo perciben, ingreso sin problema con el pesado chaleco explosivo, me acerco al sector de arte joven de Chandon donde me tomo un trago para bajar la ansiedad, salgo a un pasillo a fumar un cigarrillo, en ese momento me encuentro con un gran crítico de arte que conocía mi obra. Pero no la última. Entonces me dijo – ¿Qué paso que no hiciste más obras?-mientras fumaba su cigarro negro, le conteste que estaba en algo muy grande, apague mi cigarrillo antes que se diera cuenta que estaba disfrazado de prensa y me fui hacia el hall.


Las horas pasaban rápido y el momento se acercaba, habían comenzado a entregar los premios, cuando yo me acerque hacia el escenario entre todos los de prensa, esperé, aguarde el momento oportuno para lanzar mi proclama, para liberar a los artistas, para liberar a los justos. Entonces el gran jurado de Petrobras ya tenía su gran ganador y lo anunciaría a la brevedad, me prepare para ser un mártir, un liberador, un justo; y en el momento en que todos estos ideales iban a cumplirse mi corazón se puso a latir, casi se salía de mi pecho, mi esternón se salía de mi cuerpo, un frio total recorría mi espalda hacia la nuca, me puse pálido, y respire.


Yo no podía prever... ¡artistas! , artistas sobre todo. ¿Has mirado a los artistas? Esa mirada grave que tienen a veces... Nunca he podido sostener esa mirada...Un segundo antes, sin embargo, en la oscuridad, en el rincón del hall central, yo me sentía feliz. Cuando el escenario se ilumino, mi corazón empezó a palpitar de alegría, te lo juro. Latía cada vez más fuerte a medida que aumentaba el ruido.


Hacía el mismo ruido en mí. Me daban ganas de saltar. Creo que estaba riéndome. Y decía: «Sí, sí... » ¿Comprendes? Corrí hacia el escenario. En ese momento los vi. Ellos no reían. Estaban muy erguidos y miraban al vacío. ¡Qué aire tan triste tenían! Perdidos en sus trajes de gala, con las manos sobre los muslos, el busto rígidos, sólo. Si me hubieran mirado, creo que habría arrojado la bomba. Para apagar por lo menos esa mirada triste. Pero seguían mirando hacia adelante. Entonces no sé qué pasó. Mi brazo se debilitó. Me temblaban las piernas. Un segundo después era ya demasiado tarde. ¿He soñado? Me pareció que en ese momento sonaban las campanas.


El nuevo ganador se conocía, salí corriendo pasando por el hall hasta la puerta, al llegar a fuera grite con todas mis fuerzas, arrodillado contra el cemento lloré, el maldito premio era mío, la rueda volvía a girar nuevamente, ya no somos justos, ya no soy un artista.


Basado en el texto teatral “los justos“ de Albert Camus
Estrenada en el Théâtre Hébertot de París, el 15 de diciembre de 1949

Receta


POR SU SEGURIDAD NO LO HAGA EN SU CASA





Colocar el C4 con mucho cuidado en los diferentes bolsillos del chaleco, enfilmados y recien sacados de la heladera para que no tomen temperatura; luego colocamos el timer, separando los cables rojo y azul (por favor no tener encendido el timer antes de conectar los cables); una vez conectados colocar las pilas del timer y setear la hora indicada, en segundo lugar colocar la tecla de detonación para cortar el reloj o para detonar de manera independiente al reloj, para el detonador-tecla colocar cable verde y blanco, el verde al C4 y el blanco al timer, pasar los cables por la manga hasta llegar a la mano y ¡¡listo!! Ya tenemos la bomba lista para estallar.

Planos del lugar




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